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«Aquí habríamos podido disfrutar de un partido de verdad de un equipo de Tercera contra uno profesional. Tenemos un campo muy bonito, con un terreno de juego bueno y se habría visto un gran juego. Y habríamos visto un colorido que nunca ha tenido La Arboleda, porque lo habríamos llenado y se habría visto un partido de Copa del Rey con el formato que le quieren dar. Es increíble este formato, pero a la gente de Almazán nos va a quedar el pero de no haber podido jugar aquí». Así pone voz a todo un pueblo Víctor Márquez, el presidente del club adnamantino.

No le falta razón, porque el estadio de La Arboleda, situado en una explanada a las afueras del pueblo y con la humedad del río que pasa por sus inmediaciones recrudeciendo la sensación térmica en invierno (el equipo se entrena a las 20.00 horas), responde al perfil de una de las tantas instalaciones repartidas por España en las que rezuma la esencia del «fútbol de barro». Sin embargo, su falta de infraestructuras, especialmente para posibilitar la retransmisión televisiva y para organizar el dispositivo de seguridad ha impedido que pueda acoger el partido más importante en los 55 años de existencia de la SD Almazán.

Dos únicas gradas

Ni siquiera llegan a 500 las butacas de la casa del Almazán. Distribuidas en sólo dos gradas, la presidencial ronda las 230 plazas (apenas cuenta con siete filas), mientras que la situada en el lateral de enfrente acoge alrededor del centenar de asientos (tres filas en este caso). Eso sí, al menos ambas están cubiertas de un techo.

No obstante, teniendo en cuenta el espacio disponible en torno a la barra que rodea al terreno de juego y sobre el que se agolpan los aficionados que viven los partidos de pie, la capacidad de La Arboleda llega a dispararse hasta los 800 ó 1.000 espectadores que suelen acudir al partido más especial del año, el de Fiestas del primer fin de semana de cada septiembre.

No supone en todo caso el récord de asistencia registrado en La Arboleda, pues al final del curso pasado, con motivo del playoff de ascenso de infausto recuerdo, llegarían a darse cita unos 2.000 aficionados. Eso sí después de que el Almazán colocara gradas supletorias que darían un aspecto y un colorido muy distinto al que suele lucir el recinto.

Vestuarios con lo justo

Sin ninguna duda, los vestuarios habrían sido el lugar que el Atlético más habría extrañado, pues a duras penas caben los 18 jugadores cambiándose al mismo tiempo. Aunque más de 30 perchas rodean el reducido espacio, no hay más que ver las taquillas de los jugadores para tomar consciencia de la modestia de la caseta: una pequeña caja con el nombre de cada uno sirve para guardas sus pertenencias sobre la balda que recorre las paredes. Incluso la pizarra del míster convive en un rincón con el lavabo que da acceso a las duchas.

La sala del fisio

Tampoco tiene mucho más la sala preferida de los jugadores, la del fisio. Apenas dos camillas constituyen el elemento de trabajo de Narciso Ibáñez. El resto lo ponen sus manos, que pueden llegar a realizar 14 ó 15 masajes antes o después de cada partido o entrenamiento. «Estoy esperando a que me llame Florentino», bromea dejando ver sus preferencias mientras da pie al ambiente distendido que se respira en su zona de trabajo. Fisio de la Federación Española de Atletismo, al menos sí estará hoy en Los Pajaritos, pero no así el arcón congelador plagado de refrescos y cerveza con los que acaba por convertir su santuario en el más visitado por el plantel.

La cita que le faltó al presi

Si La Arboleda se quedará vacía mientras Almazán toma Los Pajaritos (cabe el pueblo entero), al presidente también le aflora otro pesar: no haber estado sobre el verde defendiendo el lateral derecho que honró como jugador: «Lo viviré con cierta pena porque he jugado aquí 15 años, fui capitán, vivo mucho el fútbol y habría sido la leche disfrutar de este partido. Pero los años no pasan en balde», zanja

3 comentarios en «Lo que el Atlético no verá de La Arboleda»

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