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Nacido en Burundi, hace siete años llegó a España gracias a un proyecto social y hace tres pidió el pasaporte, pero no lo recibió hasta este miércoles, después de su tiempazo en agosto

«En mi país, en Burundi, había muchos atletas muy rápidos, pero no había competiciones ni pistas. Era muy difícil progresar y ganarse la vida en el atletismo», relata Thierry Ndikumwenayo al acabar un entrenamiento en el parque del Pinar de Castellón y sonríe.

Después de todo, Ndikumwenayo ya es español. El Consejo de Ministros decidió anteayer otorgarle el pasaporte por carta de naturaleza como antes hizo con otros deportistas como Ansu Fati, Nikola Mirotic u Orlando Ortega con una sola diferencia: Ndikumwenayo era un desconocido cuando empezó el proceso. Pero, pero, pero. «Hice la solicitud hace casi tres años», reconoce el atleta y su solicitud podría seguir como estaba, olvidada en un cajón, si no hubiera sido por el ruido -¡el estruendo!- de este agosto. En la reunión de Mónaco de la Diamond League no sólo venció en los 3.000 metros, también estableció la mejor marca mundial del año, muy por debajo del récord de España de Mo Katir. Tres después meses, es decir, este miércoles, se oficializaba su nacionalización en el BOE.

«No podemos hablar de nacionalización exprés de Thierry porque él vive en España desde hace siete años, cuando tenía 18, e hizo la petición hace casi tres, pero es verdad que no ha salido adelante hasta que se ha convertido en un atleta top», reconoce su actual entrenador, Pepe Ortuño, fundador del Playas de Castellón, el mejor club de España y una entidad clave en el ascenso de Ndikumwenayo.

La llamada desde Alicante

De un adolescente que «no corría» en el segundo país más pobre del mundo a uno de los españoles candidatos a medallas en el Mundial de Budapest 2023 o los Juegos Olímpicos de París 2024. ¿Cómo?

Para empezar, con una llamada. «De niño jugaba al fútbol en el colegio y no me interesaba el atletismo, no corría. Pero un día un amigo me retó, corrimos y me gustó. Dos años después de empezar a correr, cuando tenía 17, gané la plata en los 3.000 metros de los Juegos Olímpicos de la Juventud de 2014 y un entrenador español, Llorenç Solbes, me invitó a entrenar aquí. Así llegué a España», recuerda Ndikumwenayo. De entrada, la Federación de Atletismo de Burundi se negó a que viajara: era muy joven y el riesgo de huida era alto. Pero al final cedió. Y de 2015 el ya mediofondista español entró en el proyecto CET Plan2Win de Solbes, una especie de ONG que desde Alicante ofrecía oportunidades a corredores de lugares como Sudán o Burundi. Primero fueron tres meses de stage, luego seis, y al final Ndikumwenayo se quedó a vivir en España con un contrato con el Playas de Castellón y un piso puesto por el club.

El rumbo cogía velocidad y hubo un primer intento de despegue en 2019: fue noveno en el Mundial de cross, ganó en el cross de Alcobendas y Burundi le convocó para el Mundial de Doha. Todo preparado para lo mejor. Pero poco después a Ndikumwenayo se le vino el mundo encima. En plena vorágine del Mundial, a Solbes le hicieron una oferta para entrenar el Qatar, él se quedó solo en Alicante, la pandemia le aisló aún más y un problema con su permiso de residencia hizo el resto. «Estaba fastidiado. Lo pasó mal en esa época. Yo ya estaba casi jubilado, tengo 69 años, no me quería complicar la vida, pero su situación me supo mal y le invité a venirse a Castellón», recuerda Ortuño, que admite su sorpresa ante lo vivido este año.

De liebre a estrella

Después de dos temporadas de perfil bajo y después de ganarse la vida como liebre en pruebas de asfalto como el maratón de Madrid o el medio maratón de Barcelona, Ndikumwenayo se coló este curso en la Diamond League y ¡boom! En junio, en Roma, bajó de los 13 minutos en los 5.000 metros -hubiera sido el tercer español de todos los tiempos», acabó segundo en París, quinto en Estocolmo y cerró con el triunfo en Mónaco. De golpe, estrella. De golpe, casi tres años después de pedirlo, español. ¿Y ahora qué?

«Poco a poco. Antes Thierry sufría mucho en competición por la presión, un día se retiró porque le adelantaron dos rivales, y ahora eso ha cambiado: está confiado, está cómodo, está lanzado. Pero hay que ir poco a poco. Aún no hemos decidido qué correrá este invierno», comenta Ortuño. Ndikumwenayo, que el pasado domingo ganó el cross de Soria, en cambio, quiere la Luna: «Creo que puedo ganar medallas y bajar mis tiempos. Con mi edad, puedo intentar el récord del mundo de los 3.000 metros».

Un comentario en «Thierry Ndikumwenayo, el atleta que hizo correr al Consejo de Ministros: «Puedo intentar el récord del mundo»»

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