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«Hasta la muerte» se lee en las bufandas de los aficionados que pueblan las gradas de los estadios cada semana. Inspiradas en las leyendas que se iniciaron entre los ultras de los grupos italianos, la mayoría de mensajes apocalípticos constituyen la prosa del fútbol y una realidad sentimental entre individuo y colectivo difícil de explicar. Son varios los deportistas cuyos restos mortales aún tienen un efecto hipnótico sobre los entusiastas que desarrollan un peculiar necroturismo, cada vez más masivo. Sin la contundencia de Elvis Presley en Graceland, o Michael Jackson en Los Ángeles, pero con la devoción que los admiradores profesan a sus ídolos.

Finales trágicos y precoces como el del rey del rock acrecientan la mística de la música sobre el deporte por lo general. «En Europa, por encima de la de los deportistas, la tumba de acceso restringido más famosa es la de Jim Morrison [el cantante de The Doors fallecido a los 27 años] en París», apunta a Primera Plana Dusan Vrban, manager de la Ruta Europea de Cementerios. «Y está restringida por los daños que producía a las tumbas aledañas. Los visitantes querían beber y fumar con Jim, escuchar música o hacer otro tipo de actividades que no se corresponden con el respeto a los cementerios. De hecho fue algo tan fuerte que la empresa ha decidido apartarse por completo del turismo en los cementerios, a pesar de que fue uno de los primeros ‘cementerios turísticos'».

Vrban hace esta introducción para expresar su punto de vista sobre las razones que obligan a incrementar las medidas de seguridad alrededor de los sepelios de las estrellas del deporte, del fútbol especialmente. «Las lápidas de jugadores de fútbol famosos pueden atraer diversas «ideas de celebración». Un aficionado se acordaría de los partidos que vio a su ídolo y de la cerveza que bebió aquella noche. Llevaría esa cerveza al cementerio y se la bebería allí. Tal vez pondría la pegatina del club en la tumba… ¿Puede molestar esto a otras personas cuyo familiar descansa cerca de allí? Seguramente. El turismo de cementerios tiene una delgada línea roja entre su singularidad y su permisividad».

Lo corrobora lo acontecido en la tumba donde reposan las cenizas de Ferenc Puskas, fallecido en 2006. Ya no se permite el acceso al público sin vigilancia después de que su mausoleo fuese saqueado dos años después de morir. Se llevaron dos muebles antiguos de gran valor. Una verja impide el acceso a la cripta en el subsuelo de la basílica de San Esteban de Budapest.

No hay un patrón común que ordene los sentimientos. Pesa la historia, como las visitas que se suceden a las tumbas de personajes históricos como Old Tom Morris, el primer ganador del British de golf, o Allan Robertson, el golfista imbatible que murió de ictericia y que a raíz de su fallecimiento en 1859, en busca de quién podía ser su sucesor, se celebró el primer Open Británico. Pesa también el celuloide en el caso de Bruce Lee, en Seattle, o Johnny Weismuller, Tarzán, en Acapulco, más que sus facetas de practicante de kung fu o nadador. Y pesa, sin duda, la muerte prematura como la del baloncestista Drazen Petrovic, cuatro monolitos en el camposanto de Mirogoj, en Zagreb, obligada visita en esa ciudad.

El fanatismo puede alcanzar un ejercicio de ingenio como el acontecido en Holanda. Un particular, PC Uitvaart, ha creado el campo conmemorativo del Ajax, el Westgaarde Memorial Park, de acuerdo con el club de Johan Cruyff. Parte del césped del estadio de Der Meer, la guarida ajacied hasta la construcción del Amsterdam Arena, está replantado allí. Cualquier jugador que haya jugado en el equipo rojiblanco puede esparcer sus cenizas en ese campo si lo desea por 220 euros. El recuerdo, mediante un mosaico, se eleva hasta casi los 600 euros, descubre Vrban.

El reposo de ‘D10s’

El necroturismo abarca hoy en día cualquier rincón del planeta. «Gracias a la pelota», reza el epitafio de Diego Maradona, la única placa que se ilumina por la noche en ese camposanto. Si el acceso estuviese permitido, seguramente se hubiese convertido en un centro de peregrinaje mundial semejante a los santos religiosos. Una barrera al estilo de las urbanizaciones lujosas, a pesar del suburbio que es San Miguel, donde se ubica el privado Jardín Bella Vista, disuade las visitas. A ella se añade la vigilancia permanente de la tumba por agentes, dictada por el Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

Los restos mortales de El Diego reposan junto a sus padres, Diego y Dalma Salvadora Franco. Dispone de cámara de seguridad y un mural en la pared que hace chaflán donde se puede leer «Aquí descansa D10s». A su izquierda, el fresco sigue con la trayectoria que trazó Maradona en el segundo gol contra Inglaterra y varias imágenes del genio: con la Copa del Mundo, controlando un balón con la cabeza. El cementerio tiene una singular norma: no permite las flores de plástico, sólo naturales.

El acceso está limitado. Sobre todo son sus hijas Dalma y Giannina las que han acudido con periodicidad en estos dos años que ahora se cumplen de su muerte. Sobre la mesa está la idea de crear un mausoleo para rendir un homenaje eterno y permanente de los aficionados a un futbolista único como Maradona.

Marco Pantani

En el Cementerio Cesenático, con el Adriático de espaldas, reposa Marco Pantani, el Pirata más famoso del deporte. Después del Spazio Pantani, un museo con los trofeos y bicicletas del corredor que se quitó la vida en San Valentín de 2004, el fosal es el segundo punto de visita de los aficionados que aún se acercan a rendirle honores.

Un pequeño panteón familiar y circular con las puertas acristaladas encierra el sepulcro de Marco, donde además de unas imágenes de la exitosa carrera del ciclista y otras especiales como la recepción papal de Juan Pablo II, un libro de visitas permite dar el último adiós al ídolo italiano. De hecho, el cementerio tuvo que señalar con carteles cómo llegar al mausoleo y evitar las preguntas continuas de dónde se hallaba la tumba de Pantani.

Muhammad Ali

De las tumbas más visitadas del mundo es, sin duda, la de Muhammad Ali. Varios aficionados se desplazan a Louisville (Kentucky) a visitar exclusivamente donde reposa el reconocido mejor deportista del siglo XX. O se cruzan medio país en coche simplemente para seguir mostrando su devoción hacia él.

«No sabríamos decir cuánta gente peregrina», dice a Primera Plana Gwen Mooney, el presidente del cementerio. «Salvo la gente que viene a pedir un mapa o a entregar un objeto específico del lugar de dónde viene, no podemos precisarlo. Diría que unos 50 cada día laborable y más de 100 durante el fin de semana. Cerca de su nacimiento o de la fecha de su muerte, el número se incrementa».

‘The Greatest’ está enterrado en el Cave Hill Cementery, de costado y mirando al Este como reclama la religión musulmana. Su mausoleo consta de dos bancos de granito donde los seguidores del púgil más trascendental de la historia pueden contemplar su grandeza.

Una leyenda se puede leer en su tumba: «Tomó varias tazas de amor, una tableta de paciencia, una cucharilla de té de generosidad, una pinta de amabilidad. Tomó un cuarto de risas, un pellizco de preocupación y, entonces, mezcló el deseo con la felicidad, añadió un montón de fe y los removió bien. Finalmente los extendió sobre el espacio de su vida y sirvió a cada persona que conoció». Aunque nada como la frase que preside esa especie de lápida negra en forma de M que reza: «Servir a los demás es el alquiler que tienes que pagar por una habitación en el cielo».

Cada día, el personal del cementerio tiene que retirar todos los obsequios que los fieles de Ali dejan a los pies del nicho. Desde libros, periódicos, guantes de boxeo hasta un matamoscas [por aquello de vuela como una mariposa y pica como una avispa], una mecedora o varias banderas y monedas de distintos países, símbolo de su universalidad. «Tenemos monedas de China, Canadá, Inglaterra, Vietnam, Japón…», dice enumérandolos Mooney, que llega hasta más de 15, así como numerosas banderas. «Aunque lo más destacado son los guantes de boxeo que trae la gente, sin duda».

El ‘Gran Torino’ de Superga

En el muro de contención de la Basílica de Superga, justo donde se estrelló el avión Fiat G 212 de Avio Linee italiana el 4 de mayo de 1949 a las 17.05, una lápida con 31 nombres recuerda el trágico accidente del Gran Torino, los 27 pasajeros, 20 de ellos futbolistas, y los 4 miembros de la tripulación. Cada efeméride se celebra una misa en honor de aquellas víctimas.

A 12 kilómetros de ese santuario se encuentra el lugar donde descansan los restos de la mayoría de ellos. Un ala del cementerio de Turín está dedicada a ese equipo. Ahí descansan los jugadores Valentino Mazzola, el capitán; Eusebio Castigliano, Guglielmo Gabetto, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Piero Operto, Franco Ossola, Julius Schubert, los técnicos Erno Erbstein, Leslie Levesley, los directivos Agnisetta, Civalleri y Cortina, además del periodista Renato Casalbore. Un monumento con una portería, con un lazo granate y un balón, obra de Luciano Cappellari recuerda su tragedia.

Ayrton Senna y las flores

Una placa dorada en el cementerio Morumbi de Sao Paulo, la única, que el resto son de cemento, anuncia que ahí yace Ayrton Senna, fallecido en 1994 a los 34 años en un accidente en el circuito de San Marino. Es la tumba 11 del camposanto, en el que no se divisan lápidas.

En Japón se montó una agencia cuyo fin único era visitar este montículo donde nunca faltan flores. Los fieles dejan relojes, cuadros, en torno al nicho del fantástico piloto brasileño.

Babe Ruth, orgullo yankee

El mismo cementerio, el de Kensiko, en Valhalla, a 30 km de Nueva York, es el reposo de Babe Ruth, Lou Gherig, fallecido a los 37 años por esclerosis (ELA) y otra leyenda de los Yankees, Billy Martin.

La más famosa de todas es la de Ruth, la estrella de los neoyorquinos entre 1920 y 1935, cuyo panteón no para de recibir aficionados del béisbol. En una pared monumental de mármol aparece la imagen de Dios dirigiéndose al Gran Bambino, como le apodaban, a una edad precoz. Casi un centenar de bolas de béisbol, guantes, varios bates, unas cuantas cervezas -venció un proceso de alcoholismo- y banderas estadounidenses homenajean al considerado por Associated Press como deportistas del siglo XX (por delante de Michael Jordan). Un rezo del Cardenal Spellman remata el mausoleo por la derecha: «Ojalá que el espíritu divino que animó a Babe Ruth a ganar el crucial partido de su vida inspire a la juventud de América».

Un comentario en «El necroturismo deportivo: Maradona, Ali, Senna, Pantani…»
  1. No me arrepiento de haber dedicado unos minutos a la lectura. Escribe más a menudo, y seguro que volveré a por más.

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