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Hay películas que, por un motivo u otro, te cambian la vida, remodelan tu sistema de creencias, te hacen pensar, volver a plantearte tus verdades inamovibles. El poder transformador del (buen) cine tiene dos lados: al mismo tiempo que ofrece una ventana a otras realidades, pone un espejo enfrente de la nuestra.

Para mí, una de estas películas fue ‘Girl’, que en 2018 mostraba el drama de una adolescente que había nacido en el cuerpo equivocado convirtiendo a su director, Lukas Dhont, en una nueva voz a tener en cuenta en el ecosistema cinematográfico europeo. Cuatro años después, el Festival de Sevilla trae su nueva cinta: ‘Close’ confirma que no estábamos ante un espejismo, y Dhont es uno de los narradores más incisivos e importantes de los últimos tiempos.

Causa admiración como trabaja el corazón

‘Close’ es una película pequeña, pero no necesita más: con muy pocos elementos y una sensibilidad exquisita logra dejar huella en el espectador. Leo, un fabuloso Edén Dambrine que demuestra que los actores infantiles están más que preparados para cargar una película al completo sobre sus hombros, es el personaje más cautivador del año que, alejado de las grandes escenas de llanto descontrolado y drama épico a las que podemos estar acostumbrados en los dramas adolescentes, sorprende con algo mucho más difícil de llevar a cabo como intérprete: la contención.

Tras recibir una noticia que rompe su vida en dos, Leo deja de tener sentimientos. Vive, pero no vive: solo algunos ramalazos de furia y su afición por el hockey sobre hielo hacen que, a sus trece años, pueda empezar a procesar un dolor interno y una culpabilidad inédita a su edad que bloquea cualquier otra cosa que pueda sentir. La asepsia emocional de un preadolescente que se siente culpable de reír, que no puede seguir adelante, cuya vida se ha puesto en pausa eterna.

‘Close’ es una película que empieza como una historia de amistad (o amor) adolescente y termina como un rito de paso forzado a la madurez que en ningún momento se siente forzado o mal planteado. Puede que hayamos visto esta historia antes, pero no contada con esta sensibilidad, esta tridimensionalidad, explorando los vericuetos de una mente aún infantil que no está preparada para aceptar la culpa y no sabe cómo expresar su vergüenza y asco por sí misma.

¿No los oyes? Nos tienen rodeados

‘Close’ es tan inteligente en su desarrollo que dribla cualquier expectativa inicial del espectador, que ya ha visto suficiente cine como para intuir por dónde van a ir los tiros. Pero cuando nosotros vamos, Dhont vuelve de allí, y nada puede prepararnos para el giro que la película prepara tras la lenta ruptura de la amistad (por llamarlo de alguna manera) entre Remy y Leo.

La presentación de ambos nos dice, en cinco minutos, todo lo que debemos saber sobre ellos: a sus trece años, tienen algo que va mucho más allá de la amistad adolescente, pero no son capaces de codificar si son mejores amigos, familia o pareja. La masculinidad tóxica, la homofobia interiorizada, la búsqueda de la propia identidad y el rechazo a las ideas preconcebidas de la sociedad hacen que el cuento de hadas se rompa y el dolor se vaya abriendo paso poco a poco para pasar a formar parte de su nueva rutina.

Solo con su primer tercio, Lukas Dhont ya habría filmado una gran película. Reminiscente de otras, sí, pero buenísima al fin y al cabo. Pero se trata solo de la preparación para su golpe maestro, elevando ‘Close’ a una de las experiencias más personales, dramáticas, bien estructuradas, sentimentales y dolorosas del año, entre campos de amapolas, confesiones entre susurros, hockey sobre hielo, bicicletas y culpabilidad.

Dhont stop me now

‘Close’ abre melones, rompe tabúes y desgarra heridas triunfando durante 105 minutos en los que hace malabarismos sobre la cuerda floja, rechazando pisar sobre seguro, con el riesgo de que un resbalón mande todo lo construido en la película al terreno del drama exagerado e imposible. Sin embargo, está tan bien pensada, dirigida e interpretada que supone un pequeño milagro: no hay escenas que no sirvan para indagar en la psique de sus personajes o momentos en los que se deje llevar por una interpretación grandilocuente fuera de lugar. La tensión dramática es simplemente perfecta, algo muy complicado de conseguir en una película en el que el más mínimo desliz podría condenar todo lo conseguido hasta ese momento.

Lo nuevo de Lukas Dhont confirma que, solo con dos películas, ya es uno de los narradores más importantes del cine europeo (y mundial). Lejos de plegarse a las polémicas o a lo que se espera de él, Dhont vuelve a tratar la representación LGBT adolescente desde un punto de vista diametralmente opuesto al visto, por ejemplo, en ‘Heartstopper’: aquí, el llanto, el dolor, la duda, el rechazo social y la culpa toman la voz cantante en una película desgarradora que no tiene ningún interés por hacer amigos.

‘Close’ se estrena en España el 25 de noviembre, y probablemente será una de esas películas que son un visto y no visto en la mayoría de cines, pero merece la pena hacer el esfuerzo de verla en una pantalla grande y vivir la experiencia colectiva, el impacto, el dolor, las lágrimas que brotan de forma inevitable de los ojos del público en escenas que no necesariamente lo buscan.Puede que Lukas Dhont no caiga en las escenas grandilocuentes ni el lagrimeo fácil, pero ha conseguido crear una de las obras más sentimentales del año, que acierta en todas sus decisiones a nivel formal y artístico. Una maravilla que no deberías dejar pasar.

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