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Judith Rodríguez nunca fue una niña a la que le gustase jugar con muñecas ni de las que soñase con ser una princesa. «No me gustaban los deportes, como suelen llamarse aunque esté mal dicho, de niñas. Me iban más el fútbol, el baloncesto o el hockey», recuerda con una sonrisa. La gallega también había probado el patinaje, la natación y la gimnasia rítmica antes de coger por primera vez un florete. Fue su madre quien la animó a probar la esgrima. «Me dijo que era con espadas, como en las películas de piratas», añade sonriendo. Tenía 8 años cuando fue al Club de Esgrima de Vigo ‘El Olivo’ «y desde ese día no falté más, me encantó», recuerda.

Le pareció un deporte muy completo, que combinaba la parte física con la mental, una mezcla de agilidad, agudeza mental y concentración. Al año siguiente fue al Campeonato de España de la categoría correspondiente a su edad y lo ganó. El maestro Mariño vio sus posibilidades y empezó a pulir aquel diamante. Acudió con la selección española junior a dos Mundiales y a un Europeo, y también recibió la llamada de la absoluta en varias Copas del Mundo. Fue subcampeona de España y campeona por equipos de florete.

Su vida giraba en torno a la esgrima -era también profesora y árbitra- cuando sus sueños se truncaron. El 10 de junio de 2018 sufrió un accidente de tráfico cuando regresaba a casa de participar en el Campeonato de España de Clubes en Boadilla del Monte (Madrid) y en el que había ganado la plata por equipos. Tenía 22 años. Conducía Manuel, su padre, ella iba de copiloto y detrás Xiana Pérez, una compañera. Judith se quedó dormida y cuando abrió los ojos el coche estaba dando vueltas.

La vida tras el accidente

Su padre y su amiga salieron ilesos, ella no. Dos policías de Zamora que estaban fuera de servicio pararon su coche al verles y le hicieron un torniquete que le salvó la vida. De allí fue trasladada al Hospital Clínico de Valladolid. «Estuve a punto de morir. Perdí la pierna derecha y me lastimé el brazo derecho también. Pensé que todo se había acabado porque ya no podría hacer esgrima ni dar clases. ‘¿Y ahora qué hago?’, me preguntaba. Al principio no te salen respuestas a lo que puedes hacer. ‘¿Cómo iba a reconstruir mi vida?», rememora en el Club de Esgrima Cid Campeador de Burgos, donde recibe a MARCA antes de una competición.

Los primeros meses se los pasó pensando en todo lo que no podía hacer. El mundo de la discapacidad y las prótesis era nuevo para ella. «No sabes ni por dónde empezar. No quería ni oír hablar de la esgrima en silla de ruedas. No estaba preparada para hacer deporte porque no había superado lo que me había pasado», confiesa.

Durante dos años pasó por varias operaciones en el brazo y en la pierna. En ese tiempo no quiso ir a su sala de armas porque le daba mucha pena ver a sus compañeras y al equipo. «Y pensar que yo estaba allí antes con ellas y ya no podía», recuerda.

La visita de la atleta paralímpica Desirée Vila lo cambió todo. A ella le amputaron también la pierna derecha hace años a consecuencia de una negligencia médica tras una caída mientras entrenaba gimnasia acrobática. «La vi joven y llena de vida, hacía bromas sobre la pierna. Por ejemplo, me decía que ahora sólo tenía que cambiarme un calcetín. Yo estaba en la cama del hospital y pensé que si ella podía llevarlo bien, por qué yo no», reflexiona.

Decidió visitar de nuevo su club de esgrima en Vigo. El maestro Mariño colocó dos sillas normales -no de ruedas- se pusieron la careta y probaron. «Ahí me di cuenta de que necesitaba volver. Empecé a reconstruir mi vida cuando volví a hacer deporte. La esgrima me ayudó a volver a la vida», dice convencida. Reconoce que al principio le costó adaptarse a mover el tronco en vez de la pierna, pero las acciones técnicas son muy similares. Aquel deporte de piratas que con 8 años le había conquistado sacó su lado luchador de nuevo. En la actualidad, por cierto, el encaje de la prótesis está llena de calaveras piratas.

Regreso triunfal

El seleccionador español de esgrima paralímpica Carlos Soler y la tiradora Begoña Garrido le enseñaron a tirar en silla. «No tiene nada que envidiar a la esgrima convencional que conocemos. Gracias a ella, vuelvo a ser yo, vuelvo a sentir la tensión y la adrenalina de competir, de sentir que estoy logrado algo porque tras el accidente piensas que no vas a poder hacer nada con la pierna así. Y de repente te das cuenta de que estás en la silla tirando sin ninguna limitación, eres tú contra tu contraria y tienes que entrenar y dar lo mejor de ti, como hacía antes», explica.

Cuando fue a su primera competición y escuchó «En guardia, listos y adelante» lo tuvo claro: «Sentí que estaba de vuelta otra vez y ahí empecé a vivir mi nueva vida», dice. «En el momento en el que entras en el deporte te marcas un objetivo y levantarte cada día y saber que tienes una meta, es una motivación. El deporte te ayuda a sentir que puedes», añade.

En la actualidad sigue entrenando en su club de toda la vida. «Todo el mundo se sienta conmigo a tirar, estamos en igualdad. En esto no ha habido problema porque todos se volcaron en aprender», dice agradecida.

Su primer triunfo internacional se produjo en la Copa del Mundo celebrada en Sao Paulo el pasado mes de abril. La gallega se impuso en la final de espadaa la surcoreana Hyo Kyeong Kwon por 15-13. Es el mejor resultado a nivel internacional de la esgrima paralímpica nacional en los últimos 12 años. En florete, su arma de toda la vida, acabó quinta.

«Cuando gané pensé que había merecido la pena todo el esfuerzo de estos cuatro años de rehabilitación, de hacer terapia para superar la amputación. Han sido cuatro años muy largos y duros», dice.

En pasado mes de julio se colgó su segunda medalla internacional, precisamente un bronce en florete en la Copa del Mundo de Varsovia (Polonia). Sólo la once veces medallista paralímpica, la leyenda hongkonesa Yu Chui Yee, evitó su pase a la final. La gallega ya se ha hecho un hueco en la élite internacional. «Estos resultados me dan más ganas de seguir entrenando para estar entre las mejores», reconoce.

Camino a París 2024

«Ahora puedo decir que soy feliz, que estoy muy contenta. Todo lo nuevo que ha venido tras el accidente ha sido bueno. Cuando hacía esgrima a pie soñaba con ir a unos Juegos Olímpicos. Ahora que hago esgrima en silla, también lo puedo conseguir. No era sólo un sueño de mi vida anterior. El objetivo ahora es clasificarme para unos Juegos Paralímpicos. Es mi sueño y voy a pelearlo al máximo. Quiero disfrutar del camino, de los entrenamientos, de las competiciones y de lo bueno que me va a traer. Desde que empecé en la esgrima en silla ha sido todo bueno», dice Judith Rodríguez convencida.

Las Copas del Mundo ya puntúan para los Juegos de París -oro en Sao Paulo y bronce en Varsovia- y también el Europeo que se celebra del 29 noviembre al 4 diciembre, también en la capital polaca.

«El Europeo es mi primer objetivo, trataremos de hacer el mejor resultado posible. El Mundial es al año siguiente y me gustaría llegar en la mejor forma posible. De cara a París es importante mantenerte siempre arriba. Queda mucho camino, pero también hay muchas ganas», dice.

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